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Análisis de la actualidad nacional e internacional a través de las investigaciones y opiniones de académicos del Instituto de Economía UC.

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¿Podemos vivir sin cuarentenas? – Alexandre Janiak

En las últimas semanas se ha reforzado el temor de la llegada de una segunda ola de contagios en el país. Con esto también vuelve la preocupación de volver a fase 1, con la cuarentena que implica. Incluso si son los rumores y los fake news los responsables de tal inquietud, no sabíamos si tendríamos que pasar la navidad con los miembros de nuestras familias aislados. Este temor se fundamenta en el recuerdo de un otoño y un invierno encerrados que fueron dañinos, no solo en términos económicos, sino también para otros aspectos de nuestras vidas. Aunque estos sentimientos de miedo pueden ser alimentados por factores subjetivos, ya aparecieron estudios que revelan con argumentos objetivos la veracidad de algunas consecuencias adversas del confinamiento.

Las cuarentenas tuvieron un objetivo sanitario, en el sentido de que quisieron aliviar la sobrecarga en atenciones hospitalarias, pero produjeron además efectos no deseados para nuestra salud. El Center for Disease Control and Prevention de Estados Unidos, una agencia americana que toma acciones para limitar los riesgos de salud pública en ese país, produce cada semana una serie de informes llamados los Morbidity and Mortality Weekly Reports para informar sobre el estado de salud del país. Mostraron un aumento en la incidencia de varias enfermedades que coincide con el periodo de cuarentena, como por ejemplo un aumento en los síntomas relacionados con ansiedad o depresión, un mayor consumo de sustancias o incluso un mayor número de suicidios. Estos hechos llevaron en noviembre a la prestigiosa revista de medicina Journal of the American Medical Association: Psychiatry a destacar la necesidad de una mayor prevención por suicidio. Los informes de la CDC enfatizaron además que una cantidad significativamente menor de servicios hospitalarios se pudieron administrar durante el periodo de cuarentena, como por ejemplo menos vacunas para los niños en edad de vacunarse.

Aunque estos informes reportan simples correlaciones, no podemos descartar que otros fenómenos pueden ser responsables del deterioro en salud, como por ejemplo la sobrecarga hospitalaria que puede haber limitado la atención de otros servicios no directamente relacionados con el covid. Sin embargo, existen otros análisis que pudieron aislar mejor el efecto puro del confinamiento. Un primer ejemplo es el trabajo de Baron, Goldstein y Wallace, por aparecer en la prestigiosa revista académica Journal of Public Economics, que analiza el impacto del cierre de las escuelas en Florida sobre el maltrato infantil. Documentaron que, dado que el personal de las escuelas suele ser de las primeras poblaciones en denunciar el maltrato infantil, el periodo de cierre de las escuelas se caracteriza por una caída en un 27% de estas denuncias. Convencieron haber identificado bastante bien el efecto del cierre de las escuelas al mostrar que la disminución en las denuncias fue mas fuerte en aquellos condados con mayor cantidad de personal de escuela con una formación para identificar e informar el maltrato. Un segundo ejemplo es el estudio de Cronin y Evans de la Universidad de Notre Dame sobre el impacto del aislamiento sobre los fallecimientos en los lugares de ancianos. Mostraron como las instituciones que aplicaron el aislamiento de manera rigurosa pudieron limitar las muertes por covid, pero a la vez incrementar de manera significativa las muertes relacionadas con otras causas, principalmente Alzheimer. Desafortunadamente, estas políticas de aislamiento produjeron mas muertes de lo esperado en condados donde el covid no fue un problema de salud primordial, debido a los efectos adversos que estos autores documentaron.

Los hechos son preocupantes si las cuarentenas van a ser recurrentes, dado que no solo dañan la economía, sino que pueden tener efectos no deseados para nuestra salud también. Entonces, uno se plantea si podemos vivir sin cuarentenas y si es posible encontrar regulaciones que permitan limitar el daño económico y a la vez la explosión en la cantidad de contagiados que se ha observado en otros países. En un trabajo de investigación en conjunto con Caio Machado y Javier Turen, titulado “Covid-19 contagion, economic activity and business reopening protocols” por aparecer en el Journal of Economic Behavior and Organization, estudiamos el efecto de los protocolos sanitarios que se les impone a las empresas chilenas desde la reapertura de la economía hace unos meses. Existe una preocupación económica respecto a estos protocolos: el Centro de Políticas Públicas de la PUC en conjunto con investigadores de la Facultad de Economía y Administración habían documentado que pueden ser caros, especialmente para las pequeñas empresas dado la importancia de sus costos fijos, incrementando el riesgo financiero para ellas. Sin embargo, se conjetura que deberían limitar el riesgo de contagio, si son implementados de manera correcta. Las simulaciones en nuestro trabajo sugieren que los protocolos ayudan a prevenir una segunda ola de contagio, incluso cuando reducen el riesgo de contagio solo a la mitad. Además, si bien los protocolos pueden generar un PIB menor a lo que se obtendría en un caso sin protocolo, las simulaciones sugieren que el PIB podría ser mayor al caso sin protocolo cuando los protocolos se aplican a sectores claves que cubran alrededor del 60% del empleo del país. Esto se debe a que una fuerza laboral con buena salud tiene un mejor rendimiento laboral. Por lo tanto, se podrían mejorar tanto las condiciones de salud como la macroeconomía cuando los protocolos se aplican solo a algunos sectores.

Entonces, el trabajo sugiere que podemos vivir sin cuarentenas, pero para ello es necesario que los protocolos sean aplicados de manera rigurosa de manera que reduzcan el riesgo de contagio de manera significativa. Las imágenes que vimos recientemente de la congestión de clientes en los malls son preocupantes. Es importante tener una buena fiscalización al respecto y promover un comportamiento cívico impecable. De lo contrario, podríamos temer la llegada de una segunda ola.

 

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