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Algunos criterios para la Salida gradual de la cuarentena – Ernesto Schagrosky

Como marco general, en un contexto de pandemia las políticas sanitarias y económicas deben pensarse como complementarias, no como competitivas. Por un lado, porque las políticas sanitarias protegen la economía, ya que en una sociedad con coronavirus pero sin cuarentena ni otras políticas sanitarias, la economía se deterioraría fuertemente. El incremento de enfermos, muertos y gente que por miedo decida no ir a trabajar ni consumir fuera de su casa impactaría de todos modos en la economía. Pero también, por otro lado, porque las políticas económicas apropiadas pueden contribuir a proteger la salud, ya que en un contexto de emergencia económica aguda sería difícil convencer a la población de respetar la cuarentena.

Esta nota se propone discutir cómo ir relajando las restricciones a la actividad económica en ciertas regiones y sectores, liberando gradualmente a la población de bajo riesgo mientras se protege a los grupos de alto riesgo, buscando un óptimo social que balancee costos y beneficios. Dado que seguramente será un proceso de prueba y error que implicará avances y retrocesos transitorios, los resultados de cada fase deberán ser reevaluados con intervalos coincidentes con los de reproducción del virus (por ej., cada dos semanas). Dado que existen tanto externalidades en el contagio como potenciales derrames de demanda de servicios de salud entre distintas jurisdicciones, en este proceso será crucial la coordinación entre los niveles de gobierno nacional, provincial y local, bajo la autoridad del primero.

En la búsqueda de ese óptimo social, al momento de ir relajando las restricciones podemos pensar en la intersección de tres criterios: sanitario, sectorial y geográfico.

El prioritario criterio sanitario indica mantener la cuarentena de la población de riesgo (mayores y con otros factores de riesgo), las medidas de higiene y distanciamiento personal en medios de transporte y lugares de trabajo, la prioridad en la protección del personal de salud, la utilización de barbijos, el empleo a distancia siempre que sea posible, la prohibición de eventos de encuentro social (restaurants, bares, espectáculos, etc.), y las restricciones en todos los niveles educativos.

El criterio geográfico consiste en compartimentalizar el país en áreas de menor tamaño, flexibilizando las restricciones adentro de cada área, mientras se limita lo más posible la movilidad de personas entre áreas. Esto permitiría movernos en esta segunda etapa de una política de restricción a nivel nacional a otra que vaya flexibilizando las restricciones de acuerdo a la situación específica adentro de cada área, permitiendo el transporte de productos entre regiones pero limitando el de personas.

En un país enorme como la Argentina, se podría recuperar la actividad económica en muchas áreas poco afectadas por el virus en el interior del país, manteniendo las restricciones en otras más afectadas o menos segregables como el Gran Buenos Aires. Para esto, se debería controlar muy estrictamente el cumplimiento de las restricciones al tránsito interurbano de personas, salvo en el caso de los camioneros que transporten productos y algunas otras excepciones esenciales, con un énfasis particular en el control de síntomas y medición de temperatura del personal de transporte (o con tests y potenciales certificados serológicos de inmunidad, cuando resulten disponibles).

En cada una de estas subdivisiones geográficas debería designarse una autoridad sanitaria (distinta de la autoridad política) que garantice la adecuada vigilancia epidemiológica local y detecte con rapidez cualquier cambio. Esta vigilancia permitirá volver a imponer con rapidez mayores restricciones en una región, sin tener que hacerlo en todo el país, si resulta necesario.

Por supuesto que también deberían mantenerse las fronteras internacionales cerradas y las restricciones al transporte intraurbano de personas. Siguiendo el criterio de permitir el tránsito de mercancías y reducir el de personas, sería recomendable promover y levantar restricciones (cuando existen) a la bancarización y el comercio on-line.

El criterio sectorial consiste en priorizar los sectores esenciales de salud, producción y distribución de alimentos, servicios públicos, seguridad, bancos y sistemas de pago, pensando en las necesidades básicas de la población.

Pero también se podrían ir agregando criterios económicos, priorizando sectores que generen divisas y sectores con alto impacto tributario, ya que el país necesita divisas y el Estado recursos. Por ejemplo, así como se permiten algunas actividades con riesgos de contaminación del medio ambiente pagando permisos especiales, se podría autorizar la vuelta a la producción a las empresas que garanticen ciertos ingresos de divisas e impuestos.

Pero como aún los sectores priorizados también estarán impactados por las restricciones a empleados mayores, inmunosuprimidos o con cuidado de mayores y niños, también deberían reducirse transitoriamente las barreras a la movilidad de trabajadores adentro de las empresas y entre empresas, hacia los sectores prioritarios o a los que puedan trabajar a distancia. Así, deberían facilitarse formas de empleo transitorio y reducirse las restricciones regulatorias, laborales y sindicales que restringen esa movilidad. Esta movilidad de trabajadores también debería realizarse, siempre que sea factible, dentro del sector público.

Este proceso de levantamiento gradual de la cuarentena requerirá una vigilancia epidemiológica de síntomas y casos en los lugares de trabajo muy estricta, la cual sin duda se verá beneficiada por un aumento en la cantidad y velocidad de testeos cuando sea posible. El propio sector privado puede ser un aliado muy importante para incrementar tests y controles de salud sin costo fiscal. Para evitar contagios dentro de los lugares de trabajo (y evitar también conflictos laborales), el propio sector productivo tiene incentivos para establecer medidas sanitarias y reprogramar sus turnos y logística. Pero también podría realizar (a su costo) testeos a sus empleados, que ayudarían al control general sin mayor costo fiscal. Esto seguramente requiera autorizaciones, y acuerdos sindicales que precisen regulación estatal. Sería también una forma de reproducir, a nivel de unidades económicas, algunas de las virtudes de la segregación geográfica aún en conglomerados urbanos.

Considerando en forma conjunta los criterios sanitario, geográfico y sectorial, se trata de relajar gradualmente las restricciones en una intersección de actividades con relativamente bajo impacto sanitario negativo, en sectores con relativamente alto impacto económico positivo, y en subáreas del menor tamaño posible con baja presencia de infectados.

Como se mencionó anteriormente, será un proceso no lineal con avances y retrocesos, decididos en forma coordinada desde el gobierno nacional de acuerdo a la información epidemiológica que se vaya recibiendo de cada región y sector de actividad.

Ernesto Schargrodsky, Profesor en la Universidad Torcuato Di Tella