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Covid-19 y mujeres: ¿algo inevitable? – Jeanne Lafortune y Claudia Martínez A.

El cierre de colegios y jardines infantiles, las cuarentenas y el miedo de contagio ha implicado para los padres en todo el mundo una readecuación de las tareas domésticas. Sin colegios y jardines, sin abuelos cuidadores, y sin apoyo doméstico para quienes lo tenían, los niños están a cargo de sus padres en casa, quienes muchas veces tienen que combinar esta responsabilidad con la de su trabajo (en modo teletrabajo o presencial). Este proceso se da en conjunto con una situación de encierro y en muchos casos de estrés e incertidumbre económica, y con una demanda de cuidado sobre los adultos mayores. Hay evidencia de que esta carga adicional en el trabajo doméstico y cuidado de los niños ha terminado afectando más mujeres que hombres en promedio.

Una encuesta de la Asociación de Municipalidades en Chile realizada en abril de este año, encuentra que el 59,4% de las encuestadas a lo largo del país creen que no existirá igualdad en la repartición de las tareas domésticas entre hombres y mujeres en cuarentena. En el mundo académico, se ha visto una caída marcada de los artículos enviados por mujeres académicas vis-a-vis sus pares masculinos. La distribución del trabajo doméstico en cuarentena parece al menos estar replicando los patrones pre-pandemia: la Encuesta Nacional del Uso de Tiempo (ENUT) encontraba que mientras que los hombres dedicaban 2,74 horas en tareas domésticas, las mujeres destinaban 5,89 horas al día en Chile.

¿Debemos simplemente asumir que los patrones culturales van a seguir rigiendo la manera que las parejas enfrentan la pandemia? ¿O hay políticas públicas que pueden ser implementadas? La evidencia hasta ahora (Baker 2008; Martínez y Perticará, 2017) muestra que los colegios públicos y el acceso a cuidado infantil han sido cruciales en aumentar la participación laboral femenina en el mundo.

Se entiende que el cierre de los colegios es relevante para controlar los riesgos de contagio, pero se deben considerar opciones que permitan a los padres cuidar a sus hijos desde la casa, o al menos, incluir este impacto en las decisiones de cuando re-abrir instituciones. Los profesionales de la salud, en particular, deberían tener acceso a guarderías para que puedan compatibilizar la función importante que ejercen en el cuidado de la población y sus responsabilidades familiares.

Hay evidencia de que cuando la ley obliga a los padres a tomar algún tiempo con sus hijos, los patrones tradicionales en la casa se pueden modificar en el tiempo (Patnaik, 2019). Esto sugiere que iniciativas que obliguen a firmas, por ejemplo, a entregar a sus empleados de cualquier género una hora para cuidar a sus hijos durante el día mientras continue el cierre de los colegios y jardines podría tener consecuencias positivas.

Antes de la pandemia, el mundo iba en la dirección hacia una división de las tareas parentales más equitativas entre padres. No dejemos que la pandemia haga retroceder ese proceso.

*Columna publicada en Diario La Segunda

Jeanne Lafortune, profesora Asociada y directora de Investigación, Instituto de Economía UC
Claudia Martínez A., profesora Asociada y Jefa del Magíster en Economía Aplicada, Instituto de Economía UC