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El Coronavirus puede mostrar el riesgo de políticos que desprecian la ciencia, dice economista – Rodrigo Soares (entrevista)

Rodrigo Soares, economista formado por UFMG y con doctorado por la Universidad de Chicago. Es profesor de Columbia desde 2016. Érica Fraga, periodista Máster en Economía Política Internacional en el Reino Unido. Link Artículo Original

La crisis económica y social provocada por el coronavirus puede tener el efecto secundario de alertar a la población sobre el riesgo de apoyar a políticos que desprecian la evidencia científica. Este es el diagnóstico de Rodrigo Soares, profesor de la Universidad Columbia y uno de los economistas brasileños más respetados en el mundo académico, con estudios publicados en revistas importantes como el American Economic Journal: Applied Economics y la American Economic Review.

"Una parte de la población ha mirado el discurso anticientífico con cierto cinismo. Ellos piensan: si la economía va bien, esas tonterías no importan mucho", dice. El problema es que la pandemia tendrá un grave impacto económico, especialmente para los grupos más vulnerables, como los trabajadores informales —que, según Soares, sufrirán frente a una caída de la demanda. "No hay duda de que la mortalidad por causas no relacionadas con el coronavirus aumentará", afirma.

Según él, los gobernantes deberían estar atentos a estas cuestiones y no minimizar los riesgos, como hicieron inicialmente los presidentes Donald Trump y Jair Bolsonaro. Tener grupos en el poder "que ignoran totalmente y son refractarios a totalmente ignorantes y refractarios la evidencia" puede tener graves consecuencias. A pesar de ello, Soares ve en Brasil algunas ventajas, como la existencia de un sistema sanitario unificado y el hecho de que el Ministerio de Sanidad haya demostrado, desde el principio, estar atento a la epidemia.

Desde el punto de vista económico, según él, corresponde a los gobiernos proteger los sectores económicos y a los segmentos sociales más débiles, con medidas como facilitar el acceso a créditos. Hablar de reactivar la economía en este momento no tiene sentido, dice. - "Esto no es una crisis financiera. ¿Cómo vas a reactivar la industria aérea si no queremos que la gente vuele?”

Autor de trabajos que analizan la interacción de la economía con áreas como salud y seguridad pública, Soares regresará a Brasil para enseñar, a partir de julio, en el Insper, en São Paulo.

¿Cómo la economía se ha contagiado por la crisis del coronavirus? Cualquier enfermedad genera un impacto económico de forma directa. Algunas personas enfermas no van a trabajar, generan necesidad de estar en el hospital. Algunas morirán. Todo esto impacta en los recursos. En el caso del coronavirus, lo más difícil por el momento son los esfuerzos por intentar detener la infección. Al cerrar las empresas, estás diciendo que trabajadores sanos no deben ir a trabajar. Se están cerrando servicios.

Para las compañías aéreas, no hace falta decir que esto tendrá consecuencias dramáticas. Debe ser el mayor choque en la historia, porque en la Segunda Guerra Mundial no había  servicios aéreos como hoy. El cierre de los vuelos entre los Estados Unidos y la Europa continental tendrá un enorme impacto en esta industria. Honestamente, nunca pensé que vería eso en mi vida.

¿Esto crea un dilema de política pública? El dilema siempre está presente en cualquier decisión de política pública. Si la reacción es exagerada o no, aún no lo sabremos. Uno tiene información muy distinta. Eso es natural porque es un virus nuevo. La gran reacción se debe a la idea de que la transmisión se produce rápidamente, y los casos de China e Italia han demostrado que el impacto inmediato en el sistema sanitario puede ser, y es un hecho, enorme. Pero la gente necesita entender que el impacto de detener los viajes, disminuir la actividad económica, también será negativo. Hay gente que se verá muy afectada, con un impacto significativo incluso sobre su salud.

Estás limitando el movimiento de la gente. La cantidad de bienes disponibles se reducirá. Se reducirán el acceso al empleo y los ingresos de personas más vulnerables. Eso va a impactar el consumo de las familias, lo que también puede afectar a su salud. Contemplar este "trade-off" [la elección de una política pública en detrimento de otra] no es necesariamente una falta de conciencia social sobre la dimensión del problema.

¿Cuál es el peor escenario económico posible? Creo que es  que se repita el caso de Italia en Occidente. Es decir, que la epidemia avance rápidamente, con un grado de seriedad bastante elevado. Eso generaría una gran sobrecarga en el sistema de salud pública. En Italia, el escenario parece de guerra. En un caso como este, estamos hablando de la caída de la producción mundial. La posibilidad de tener un impacto muy negativo a corto plazo es real.

¿Cómo se afectará a la enorme población informal brasileña? Las personas que están en la informalidad sufrirán demasiado en términos de ingresos, ya sea porque se enfermarán y no tendrán cómo trabajar, o porque la economía simplemente colapsará y no habrá nadie en la calle, ningún cliente ni ningún negocio.

Esto tiene que ver con las consecuencias económicas y sanitarias en otras dimensiones. Para las familias que viven del trabajo informal, la caída en la demanda tendrá un gran impacto. No tengas ninguna duda de que la mortalidad por causas no relacionadas con el coronavirus aumentará a causa de estos choques. No hay mucha salida. Pero la magnitud del problema todavía no está clara. Aunado a esto, se dió un discurso en los Estados Unidos y Brasil en el que se decía que, en lugares cálidos, la diseminación sería menor. De hecho, los epidemiólogos e infectólogos no lo saben.

¿Cuál es el riesgo de realizar previsiones que pueden ser subestimadas? Subestimar la gravedad de la pandemia reducirá los costos económicos en el corto plazo y aumentará los costos sociales, sanitarios y económicos a mediano plazo. No es inesperado que gran parte de los políticos populistas, que hoy están en el poder en diferentes partes del mundo, adopten discursos de minimización. Esto reduce los costos de aplicar una política que sería seria y deseable en el corto plazo y los empuja hacia adelante, con el riesgo de aumentarlos dramáticamente en el mediano plazo. Creo que nadie espera que eso tenga un impacto permanente en la economía mundial.

¿Hay riesgos económicos a largo plazo? El mayor peligro después de la pandemia es más de carácter político. La gente estaba viviendo un movimiento antiglobalización muy fuerte, en gran parte asociado con la nueva derecha populista. No es imposible imaginar que la crisis refuerce un poco ese discurso. Mi mayor preocupación, en términos de impacto económico a largo plazo, es que se manifieste vía un atrincheramiento de ese discurso antiglobalización.

¿Es ese un gran riesgo? Es difícil decirlo, porque también es posible que personas más centristas, más ponderadas, que hayan aceptado ese discurso, hablen ahora: "creo que esta cosa de la ciencia es, de hecho, importante". Este desprecio por la ciencia, alimentado por gobiernos populistas de derecha también podría solaparse un poco e ir alejando a  la población más centrista de ello. Pero es difícil de predecir.

¿Cómo ayudaría a la economía ese segundo escenario? Estos mismos grupos antiglobalización se han identificado con el discurso anticientífico. Hay desprecio por la evidencia científica en general. No sólo en la economía, sino también hasta en astronomía y geología, aparentemente.

Todo el discurso de los ideólogos detrás de esos grupos está muy conectado. Hay una parte de la población que lo ha visto recientemente con cierto cinismo. Ellos piensan: "eso es una tontería, si la economía va bien, esas tonterías no importan mucho". Esa parte de la población puede pensar ahora: "Opa, en realidad hay momentos en que la ciencia puede ser importante".

Tener grupos en el poder que desprecian todo eso, que ignoran totalmente y son refractarios a la evidencia, puede tener consecuencias muy graves. En los Estados Unidos, esto es claro. Un presidente [Trump] que una semana atrás estaba diciendo que tenían 12, 15 casos y que iban a terminar y llegar a cero rápido, ayer [miércoles, 11] tuvo que salir en televisión a decir que todos los vuelos entre Estados Unidos y Europa continental estaban suspendidos.

Bolsonaro, que se refirió al coronavirus como una "pequeña crisis", ¿también encaja en ese contexto? Estos gobiernos, ya sea el de los Estados Unidos o el de Brasil, no tomaron la cosa con la seriedad necesaria desde el principio. Por eso la gente se está asustando ahora. Si estás leyendo noticias serias, científicos y epidemiólogos han estado diciendo durante semanas que esto iba a suceder. Pero la gente siguió con sus vidas, y las autoridades no llamaron la atención como deberían. La ficha está cayendo ahora, tarde.

Pero hace un tiempo, el Ministerio de Salud se lo tomó muy en serio. La centralización del sistema federativo en Brasil —que es mucho mayor que en los Estados Unidos— y la presencia de un sistema sanitario público ayudan. Además, Brasil sigue estando muy por detrás de los Estados Unidos en términos de la evolución del contagio. Existe el beneficio de ver lo que está ocurriendo en otros lugares.

Y creo que el propio ministro de Economía (Paulo Guedes) ha dado a entender que están pensando en escenarios desastrosos, aunque todavía tienen una previsión oficial de crecimiento del 2,1%, lo que ahora me parece una fantasía.

Habiendo dicho eso, sigo pensando que los sustos seguirán pasando. En Europa, están pensando en el peor de los casos. Brasil está apostando un poco a eso que el país es un poco más cálido. Si esto no ocurre, es muy probable que el sistema sanitario sufra enormes presiones. La gente tiene que prepararse para que en unos meses la situación sea de hecho, muy extrema.

¿La situación económica más frágil de Brasil limita las posibles acciones del Gobierno? Idealmente, es en un momento como este que debes estar preparado para apoyar a quien está sufriendo ese shock. La situación fiscal de Brasil lo hace mucho más difícil. Una idea que me parece equivocada es decir que los gobiernos deben intentar reactivar la economía. El trabajador no va a la empresa. La pieza que debería estar yendo a la montadora no está llegando de China. No hay nada que hacer porque la economía es real. Esto no es una crisis financiera. Es una crisis real. ¿Cómo vas a reactivar la industria aérea si no queremos que la gente vuele?