Investigación de Ezequiel García Lembergman revela cómo se contagian socialmente las expectativas de inflación

23 de Septiembre 2026

Una investigación del académico del Instituto de Economía UC Ezequiel García Lembergman, junto a investigadores de la Reserva Federal de Cleveland, el Banco Interamericano de Desarrollo, Brandeis University y Morning Consult, muestra que las expectativas de inflación se contagian a través de las redes sociales, incluso entre personas que viven en ciudades distintas.

Cuando alguien intenta adivinar cuánto subirán los precios, no lo hace solo. Esa es la idea central del paper “The Inflation Expectations of Others”, de Ezequiel García Lembergman, académico del Instituto de Economía UC, junto a Ina Hajdini, John Leer, Mathieu Pedemonte y Raphael Schoenle. El trabajo fue recientemente aceptado en American Economic Journal: Macroeconomics.

Tradicionalmente, la economía ha entendido la formación de expectativas como un proceso individual. Según una visión, las personas usan toda la información disponible para proyectar la inflación. Según otra, se guían por sus experiencias y por lo que más les llama la atención, como el precio de la gasolina. “Son visiones muy distintas, pero comparten un supuesto: cada persona arma sus expectativas individualmente, por su cuenta, sin importar lo que opina el resto”, explica García Lembergman.

La psicología social, en cambio, muestra que las opiniones se forman en diálogo con amigos, familiares y compañeros de trabajo. Los autores se preguntaron si eso también ocurre con la inflación. “Nuestro hallazgo principal es que la inflación que esperamos depende no solo de las experiencias personales, sino también de lo que esperan las personas con las que estamos conectados. Si tu círculo social cree que los precios van a subir mucho, vos también vas a esperar más inflación, aunque vivas en otra ciudad y enfrentes precios distintos”, señala el académico. El contagio, agrega, “es más fuerte entre gente parecida, del mismo género, nivel de ingresos o afinidad política”.

Lo que se contagia es la gasolina

Para llegar a estos resultados, los investigadores cruzaron por primera vez dos fuentes de datos: una encuesta mensual a consumidores en Estados Unidos, realizada entre 2021 y 2023 en plena ola inflacionaria post-pandemia, y un mapa de las conexiones sociales entre condados del país construido a partir de amistades en Facebook. Así calcularon qué inflación esperan “los amigos” de cada persona en otras partes del país. El estudio estima que, cuando las expectativas de la red social de una persona suben un punto porcentual, las suyas aumentan en 0,55 puntos.

Para demostrar que se trata de un contagio real y no de una coincidencia, usaron el precio de la gasolina, cuyas alzas se sienten mucho más en ciudades donde casi todos se movilizan en auto. “Miramos qué pasa con las expectativas de inflación en personas que viven en ciudades donde la subida de gasolina casi no se sintió, pero que tienen amigos en lugares donde sí pegó fuerte. Encontramos que esas personas también empiezan a esperar más inflación, aunque en su propia ciudad nada cambió demasiado. Lo que les llegó fue lo que vivieron sus amigos”, detalla el profesor.

Qué significa para los bancos centrales

Según el académico, los resultados tienen implicancias directas para la política monetaria. Los bancos centrales suelen mirar la inflación promedio del país, ponderando cada región según el tamaño de su economía. “Nuestro estudio sugiere que eso no alcanza. Si las expectativas se contagian a través de las redes sociales, lo que pasa con los precios en regiones muy conectadas se propaga al resto del país mucho más allá de su peso económico”, afirma. Por eso, al fijar la tasa de interés, convendría dar más peso a la inflación de esas regiones.

Hay también una lección más amplia. “Anclar las expectativas no depende solo de lo que dice el banco central en sus comunicados. También depende de las conversaciones cotidianas entre la gente, que suelen girar en torno a precios muy visibles como el del combustible”, concluye. Entender por dónde circulan esas conversaciones, dice, puede ayudar a comunicar mejor y a anticipar cuándo un alza de precios localizada puede convertirse en un problema de expectativas a nivel nacional.