Misma formación, distinto futuro
Se titulan en igual proporción, eligen programas parecidos y trabajan con la misma ambición. Aun así, estudiar carreras de Tecnología e Ingeniería les sube el sueldo a los hombres, pero no a las mujeres.

Para los hombres, estudiar Tecnología e Ingeniería es una buena inversión. Cuando tienen entre 29 y 38 años, ganan en promedio un 8% más al año que si hubieran estudiado la otra carrera a la que postularon. Para las mujeres, esa ventaja no aparece: ganan prácticamente lo mismo que si hubieran elegido su otra opción.
Este es el principal hallazgo de una investigación de Josefa Aguirre, académica del Instituto de Economía UC, junto a Juan Matta, de la Universidad Diego Portales, y Ana María Montoya, de la Universidad Adolfo Ibáñez. El estudio titulado “Joining the Old Boys’ Club: Women’s Returns to Majoring in Technology and Engineering” siguió a más de 57 mil personas que dieron la prueba de admisión entre 1999 y 2007 y postularon a carreras de Tecnología e Ingeniería (TE) y de otras áreas.
¿Cómo saber si la diferencia la produce la carrera y no otras cosas, como el talento o el esfuerzo de cada uno? Los investigadores compararon a personas que quedaron justo por encima y justo por debajo del puntaje de corte. Al postular eran prácticamente iguales. La gran diferencia es que unos entraron a TE y otros, por muy poco, no.
En pesos de hoy, la ventaja de los hombres que entraron a TE equivale a unos $2,1 millones al año. Y es aún mayor cuando la otra carrera a la que postularon tenía sueldos más bajos, como educación o humanidades: ahí llega a 26%, unos $4,5 millones anuales. En las mujeres, ni siquiera en esos casos aparece una ventaja.
“Lo que más nos sorprendió es que esto sea algo específico de TE”, dice Aguirre. En Negocios, por ejemplo, las mujeres ganan un 21% más que si hubieran estudiado su otra opción, y los hombres, un 5%.
Gobiernos, universidades y empresas llevan años haciendo campañas para que más mujeres estudien ingeniería, con la promesa de mejores sueldos. Y hay razones para hacerlo: en Chile, solo 1 de cada 4 estudiantes que entran a primer año de estas carreras es mujer, mientras que en Ciencias y Matemáticas ya son el 52%. El problema es que, para ellas, esa promesa no se cumple.
¿Por qué ocurre esto? Una explicación habitual es que las mujeres dejan estas carreras antes de terminarlas. Pero el estudio muestra que se titulan igual que los hombres. Otra explicación es que eligen especialidades peor pagadas. Sin embargo, al comparar a hombres y mujeres de la misma especialidad, la diferencia se mantiene. Y lo mismo ocurre con el puntaje en matemáticas: aun con igual puntaje, la ventaja sigue siendo solo para los hombres.
En el mundo laboral
¿Dónde está, entonces, la diferencia? “Nuestros resultados indican que el problema no está en la formación, sino en lo que pasa después”, responde Aguirre.
Estudiar TE lleva a hombres y mujeres a sectores con mejores sueldos, como minería, construcción e informática. Aun así, a los hombres los lleva más lejos: llegan a empresas que pagan todavía mejor. A eso se suma que, en ellos, estudiar TE aumenta un poco más las posibilidades de tener empleo. Estas dos cosas juntas explican cerca del 30% de la brecha, es decir, de la diferencia entre lo que la carrera les suma a ellos y lo que les suma a ellas.
El resto, cerca del 70%, tiene otra explicación y es más difícil de ver. “Mujeres y hombres que estudian TE entran a firmas y sectores parecidos, pero terminan con trayectorias distintas dentro de ellos”, agrega la académica. Según los autores, podría ser por la diferencia en los cargos, las posibilidades de ascenso y hasta la negociación del sueldo.
El costo de ser madre
Donde la brecha se ve con más fuerza es en la maternidad. Cuando nace el primer hijo, el sueldo de los padres no cambia. El de las madres, sí. En los cinco años siguientes, las que estudiaron TE ven caer sus ingresos un 27% en comparación con los padres. En Negocios la caída es de 18%, y en Salud, de 14%.
“Estudiar TE no cambia las decisiones de tener hijos”, aclara Aguirre. Lo que cambia es cuánto les cuesta tenerlos. Según el estudio, esa diferencia explica cerca de un tercio de la brecha.
Y no es falta de ganas. Según una encuesta de los autores, el 51% de las mujeres de TE está dispuesta a hacer sacrificios personales para llegar a cargos altos. Es decir, son igual de ambiciosas que sus compañeros (53%) y más que las mujeres de otras carreras (39%). Lo que sí es distinto son los obstáculos que enfrentan: tres de cada cuatro dicen haber sentido discriminación en el sueldo, y solo el 30% tiene horarios o lugar de trabajo flexibles, frente al 41% de los hombres de TE.
Lo que aún falta
Para los autores, esto no significa que las mujeres deban dejar de estudiar estas carreras. Pero, según Aguirre, su promoción “no debiera descansar solo en la promesa de mayores ingresos”.
El foco, plantea, debiera estar en los ambientes de trabajo de los sectores a los que llegan los egresados de TE, como manufactura, construcción, minería e informática. Se trata de entenderlos mejor y hacerlos más inclusivos, en particular en su compatibilidad con la maternidad.
También propone no hablar de STEM como un todo. Las mujeres no están subrepresentadas en ciencias, y las brechas del estudio aparecen en Tecnología e Ingeniería. “Formular las políticas en términos de ‘STEM’ mezcla realidades distintas”, señala.
La formación es la misma. El futuro, por ahora, no. “Promover la entrada de mujeres a TE y hacerse cargo de las brechas que se abren después son dos caras de la misma política”, concluye Aguirre.