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Postnatal extendido ¿La medida adecuada para la pandemia? – Jeanne Lafortune

Artículo escrito por Jeanne Lafortune, profesora Asociada y directora de Investigación Instituto de Economía UC

El debate en la agenda legislativa chilena se ha enfocado en si el proyecto de postnatal extendido es constitucional o no. Mientras que es una duda legítima, no ha permitido una discusión más de fondo sobre la situación vivida por muchos padres desde el cierre de los colegios y jardines. Muchas familias que tienen la suerte de todavía poder trabajar tienen que combinar de manera imperfecta sus obligaciones laborales a las relacionadas con el cuidado de sus hijos. Eso ha generado que muchos niños no estén recibiendo la atención que necesitan para su desarrollo cognitivo y socio-emocional y que sus padres se encuentren con dificultades para hacer todas las tareas que se les piden en su empleo.

¿Qué políticas públicas se pueden implementar en respuesta a este problema? El uso del postnatal extendido se ha propuesto como una solución, pero tiene límites. Primero, se enfoca en un número muy limitado de padres cuyos bebés están “graduándose” del postnatal de 24 semanas. Segundo, y de manera muy importante, se entrega el beneficio solamente a las madres, replicando normas sociales que deberían ser cambiadas, en vez enfatizando la responsabilidad compartida entre padres en la crianza de los niños. Finalmente, se limita a mujeres que hayan sido contribuyente en el sistema de Fonasa/AFP antes de su embarazo, dejando a muchas familias sin este tipo de protección.

¿Qué alternativas se pueden encontrar? Primero, se deben solucionar los problemas de cuidado infantil para trabajadores que son determinados como esenciales. Si un trabajador de la salud o de las fuerzas armadas o de otro servicio esencial tiene obligación de asistir a su trabajo, tiene que recibir un servicio de cuidado infantil. Se deben habilitar jardines para estos trabajadores. Si no, tendremos existencia de jardines ilegales, como el descubierto hace un par de semanas en Macul, o pondremos en situación muy difícil a algunos trabajadores o sus familias. Segundo, se debe otorgar un beneficio a los padres hasta que el cuidado infantil vuelva a ser posible.

Ese beneficio debería satisfacer algunos criterios básicos. Primero, ser reservado a familias monoparentales o familias donde ambos padres están actualmente trabajando. Segundo, ser dependiente de la edad de los niños: un bebé requiere más cuidado que un niño de edad pre-escolar, que requiere más que un niño en educación básica que a su vez requiere más atención que un niño en la educación media. Una atención especial debería ser otorgada a padres de niños con discapacidad. Tercero, ser limitado a regiones/periodos donde el cuidado es imposible de obtener. Cuarto, se debe tratar de no generar un sesgo hacia mujeres trabajadoras y fomentar que ambos padres puedan participar en el cuidado de los niños.

Me parece que la mejor solución en este caso es un beneficio mandatado donde los empleadores tengan la obligación de entregar a sus trabajadores una reducción de horarios hasta que se resuelva el problema del cuidado infantil. Bajo este esquema, firmas tendrían la obligación, igual que la tienen para la hora de colación de niños hasta 2 años, de reducir las horas perdidas a sus trabajadores (femeninos y masculinos). Esta reducción de horas se debería entregar en parte en reducción absoluta y en parte en obligación de flexibilizar la jornada de los padres (cuando eso es posible). También sería decreciente en la edad de los niños. Claramente, eso implicara costos adicionales para las firmas, pero tendrá el beneficio de hacer que los trabajadores puedan enfocarse de mejor manera en sus labores. Y los niños de Chile necesitan ser cuidados por algo mejor que un celular o una tele hasta que vuelva “la normalidad”.

*Esta columna fue publicada en el Blog del Instituto de Economía UC