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Sobre la relajación de las medidas de confinamiento – Marcela Eslava

Aunque son 7.5 millones los trabajadores colombianos que, estando en los sectores más afectados por el confinamiento, no pueden teletrabajar, los encadenamientos productivos hacen que esa parálisis toque a muchos más. Teniendo en cuenta aquellos que no pueden teletrabajar por la pausa de actividades de sus clientes o proveedores, la cifra superaría los 10.5 millones de empleos. La relajación del confinamiento ayuda a mitigar los efectos de la epidemia sobre los medios de subsistencia y los proyectos de vida de esos trabajadores y sus familias, si bien no los garantiza porque aún en ausencia del confinamiento la crisis de salud tendrá importantes efectos sobre la demanda de todos los productos en la economía. Levantar los confinamientos implica también riesgos de salud con los que hay que lidiar. Los protocolos de distanciamiento y equipamiento de seguridad en el trabajo ayudarán, aunque sin reemplazar, estrategias más efectivas y que probablemente sean más baratas también: aquellas encaminadas a continuar robusteciendo, y de manera mucho más decidida, la capacidad de camas en UCIs y la realización de pruebas de COVID así como un manejo adecuado de la operación de los sistemas de transporte para minimizar el riesgo de su congestión.

La parálisis de algunos sectores como consecuencia de la crisis sanitaria tiene impactos sobre la vida de los trabajadores en al menos dos dimensiones. Por una parte, mantenerlos en casa los protege de la exposición al contagio en su sitio de trabajo, que podría ser un local u oficina con alta densidad de ocupación, o podría requerir que tomaran transporte público. De otro lado, la parálisis de muchas de las empresas en que trabajan los expone a una disminución de sus ingresos y hasta al desempleo (ver las notas No. 9 y No. 11). En la presente nota mostramos resultados iniciales de una investigación que clasifica la población de ocupados del país en estas dos dimensiones:  exposición a los efectos económicos de parálisis en ciertos sectores y reducción de la exposición a la enfermedad en el trabajo como consecuencia de esas parálisis1 .

Utilizando información de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) del DANE para 2019 asignamos un alto valor de exposición a la enfermedad en el ámbito de trabajo a personas que ejercen oficios con alto grado de contacto físico (los peluqueros son un ejemplo usual) y a
quienes usan medios de transporte público masivo para llegar a su trabajo. Consideramos con bajo valor de exposición a quienes usualmente trabajan en sus casas o ejercen oficios que se pueden realizar en forma de teletrabajo (usaremos el neologismo teletrabajables). Por supuesto,
este es el tipo de exposición que puede mitigarse con protocolos de distanciamiento social en el lugar de trabajo. Asignamos una alta exposición a los efectos económicos negativos de las medidas si, desempeñando un oficio que no es teletrabajable, el individuo trabaja en un sector al que no se le permite operar o depende de insumos de otros sectores también paralizados o de compras de clientes que formen parte de esos sectores. El riesgo es mayor si su empleador es una micro o pequeña empresa o si es informal o cuentapropista y menor si es empleado de una empresa de más de 50 trabajadores. Es fundamental tener en cuenta los efectos de cierres en sectores clientes o proveedores, como hacemos aquí, pues la complementariedad productiva dificulta e incluso imposibilita reactivar unos sectores en ausencia de otros.

Debe destacarse, en todo caso, que la reducción de actividad productiva no se deriva únicamente de las restricciones a la movilidad y el trabajo impuestos por las autoridades. También se produce por efecto de la menor demanda de ciertos bienes y servicios, reflejo de la precaución de los consumidores en un ambiente de alta incertidumbre y de la asociación de algunas actividades con mayores riesgos de contagio (espectáculos, hoteles), y por el choque externo que afecta el acceso a insumos importados y el apetito de parte de clientes extranjeros. Los ejercicios que presentamos en esta nota únicamente cuantifican los trabajadores afectados, de forma directa y a través de encadenamientos productivos locales, por cierres impuestos por comparación al escenario de 2019. A esos efectos habrá que sumarles los efectos del choque de demanda y el choque externo, y entender que un levantamiento de los cierres no nos devolverá a la situación de 2019 sino a una más precaria. Los esfuerzos de política pública por mitigar estos efectos adversos económicos de la crisis seguramente ayudarán a paliarlos, y tampoco se tienen en cuenta aquí. Los efectos de demanda son objeto de investigaciones en curso, cuyos resultados presentaremos en próximas notas. Nuestras sugerencias sobre políticas para mitigar la crisis se encuentran en ediciones previas de la Nota Macroeconómica.

Al dividir a los ocupados entre aquellos en sectores vulnerables a las parálisis sectoriales y aquellos que lo son menos (como los que producen bienes esenciales o la educación, que ha proseguido de manera virtual2) se sabe que más de nueve millones y medio de empleados, de los 22.3 millones de ocupados del país, se encuentran en los sectores más vulnerables. Estos se caracterizan también por mayor exposición en todas las dimensiones de riesgo económico: tienen mayor concentración del empleo en oficios que no se prestan para el teletrabajo y más personas informales, cuentapropistas o que trabajan en micro y pequeñas empresas (Figura 1). Por el lado de la exposición a la enfermedad en el lugar de trabajo, las noticias son menos malas: un nada despreciable 17% de los ocupados de estos sectores trabajaba en su casa antes de la crisis, la fracción de quienes se desplazan en transporte público es menor que en sectores menos vulnerables y la proporción de aquellos cuyo trabajo requiere alto contacto físico es similar a la de esos otros sectores (Figura 2).

Figura 1. Determinantes de la exposición económica por la crisis

Gráfica 1

Figura 2. Determinantes de la exposición a la enfermedad en el trabajo

En la Figura 3 se destacan tres sectores entre los que más generan empleo y se encuentran parados por las medidas de confinamiento: construcción (41), comercio al por menor de bienes no básicos (47b) y alojamiento y restaurantes (55). Estos representaron casi 5 millones de ocupados en 2019. La construcción muestra un alto nivel de exposición a la enfermedad en el lugar de trabajo porque si bien se puede hacer al aire libre requiere niveles de cercanía y contacto físico con otros miembros del equipo de trabajo. Por su parte, sectores como producción de tabaco (12), fabricación de textiles (13) y fabricación de productos de madera (16) tienen menores impactos en empleo y se pueden realizar en ambientes con menores niveles de exposición, especialmente porque una parte importante de los trabajadores reporta ejercer su oficio desde su propia casa. La mayoría de los sectores manufactureros se encuentran entre los altamente encadenados con el resto de la economía (marcados por triángulos), incluyendo encadenamientos entre subsectores manufactureros por la compra de insumos y otros con el sector de comercialización. La profunda densidad de los encadenamientos productos genera dudas sobre el grado de reactivación que se puede lograr con una apertura limitada a algunos sectores productivos3.

Figura 3. Exposición a la enfermedad en el trabajo por sector y número de ocupados, 2019 

A partir de estos elementos simulamos el impacto económico de dos escenarios de confinamiento: uno con cierres generalizados de lo no esencial y teletrabajo en la educación y los servicios profesionales y de administración, similar a lo que se ha vivido desde finales de marzo, y otro que incluye la reapertura de la construcción y buena parte de la manufactura, como lo plantea el Gobierno Nacional a partir del 27 de abril. Consideramos los efectos directos que tiene el confinamiento sobre unos sectores debido a la pausa temporal de actividades y sus efectos indirectos. Estos últimos tienen en cuenta que, al pausar la actividad en algunos sectores, se reduce la demanda y la posibilidad de conseguir insumos para otros debido a los encadenamientos productivos.

 También tenemos en cuenta que la pérdida de empleos e ingresos no es inmediata: las empresas medianas y grandes, según nuestros cálculos, pueden pagar su nómina y alquiler por alrededor de 3 meses sin recibir ingresos. Sin embargo, las empresas más pequeñas seguramente se verán en dificultades para mantener el flujo de ingresos a sus empleados en menos tiempo. Suponemos en la simulación que ese plazo será de dos meses en las empresas pequeñas (entre 10 y 50 empleados) y de sólo un mes en las microempresas y para los informales y cuentapropistas.

El escenario de cierres que hemos vivido desde finales de marzo amenaza con destruir 8.2 millones de empleos entre informales, cuentapropistas y empleados de microempresas si se extiende un mes de cierre adicional (Tabla 3). Esos empleos representan un valor agregado y, por tanto una contribución al PIB, de casi 19 billones de pesos al mes. Transcurridos tres meses de cierre esos impactos pueden llegar a 10.5 millones de empleos en empresas de todos los tamaños que significan casi 30 billones de pesos mensuales de pérdida para el PIB. Al mismo tiempo, esos cierres, si se cumplen a pie juntillas, reducen a cero el riesgo de contagio en el trabajo para una fracción muy importante de trabajadores (Figura 4 por comparación con Figura 3). 

La relajación del confinamiento para permitir la producción en la manufactura y la construcción mitiga los efectos sobre empleo de forma importante. Reduce el impacto en empleo en más de dos millones de trabajadores en el corto plazo (pérdidas de 5.9 en lugar de 8.2 millones de empleos) y en 3.2 millones para un confinamiento extendido. Por supuesto, aún estamos hablando de pérdidas de seis o más millones de empleos asociados a los sectores aún cerrados y sus cadenas productivas. 

En el lado negativo de esa relajación se incrementa el riesgo de contagio en el trabajo para aquellos que retomen su actividad en el sitio de trabajo (Figura 5 por comparación a Figura 4). Este riesgo implica la urgente necesidad de la implementación de medidas para proteger a los trabajadores. Se ha invertido mucho esfuerzo y discusión en los protocolos de distanciamiento social en el trabajo para estos sectores. Su implementación es fundamental. Igual de importantes son medidas para:

  • ampliar la capacidad del sistema de transporte público para disminuir la densidad en éste. Es urgente que los gobernantes locales establezcan que toda la flota disponible preste sus servicios y en altas frecuencias para poder asegurar una baja ocupación. Seguramente se requerirá también disponer de los buses de servicio privado (intermunicipal, de colegios)
  • para respaldar esa capacidad. Esta es, además, una forma de mitigar el impacto de la emergencia sobre el sector de transporte privado de pasajeros. 
  • Robustecer de manera mucho más decidida la capacidad de hacer pruebas de infección con el virus y de anticuerpos y ponerla en ejecución para poder aislar nuevos casos y sus contactos. Aquí, de nuevo, es urgente que los Gobiernos locales y nacional desplieguen esfuerzos para movilizar la capacidad de laboratorios locales para producir los kits necesarios dada la escasez en el mercado internacional. La realización masiva de estas pruebas ha permitido a Corea del Sur y otros países asiáticos seguir operando sus economías y sistemas educativos sin caer en inmanejables picos de contagio. 
  • Seguir robusteciendo la capacidad de UCI para alejar el riesgo de copar su límite que nos llevaría a nuevos cierres.
  • Permitir a los trabajadores denunciar violaciones a las medidas de distanciamiento y equipamiento en el lugar de trabajo y asegurar la efectividad de las medidas de monitoreo de esas denuncias y sanción en caso necesario.

Figura 4. Efectos sobre exposición de un confinamiento para sectores no esenciales 

Figura 5. Efectos sobre exposición de un confinamiento en el que se amplía la excepción a manufactura y construcción 

Es importante poner de presente las limitaciones de este análisis. Por una parte, sólo examina el efecto de los cierres por contraste con la situación de 2019. Pero levantar los cierres no nos llevará a esa situación base sino a una mucho más precaria en virtud de las precauciones que las personas tomaríamos aún en ausencia de esas medidas: limitar las visitas a centros comerciales, hoteles y restaurantes, limitar los gastos innecesarios en un escenario de incertidumbre. De manera más general, no hemos incorporado efecto alguno de las reducciones en la demanda: ni el ya mencionado ni el que se derivará de las pérdidas de ingreso y que multiplicará los daños relacionados a la parálisis productiva. 

La relajación del confinamiento es fundamental para mitigar los efectos de la epidemia en los medios de subsistencia y los proyectos de vida de todos los colombianos. Pero implica riesgos de salud a los cuales debemos estar atentos y manejar. La forma más efectiva de hacerlo, que probablemente sea la más barata también, es la de continuar robusteciendo, y de manera mucho más decidida, la capacidad de camas en UCIs y realización de pruebas de COVID, así como la capacidad de los sistemas de transporte para minimizar el riesgo de su congestión.

Tabla 1. Indicadores de exposición económica 

 Tabla 2. Indicadores de exposición a la enfermedad en el trabajo 

1) Los detalles de esta clasificación se encuentran en el Observatorio de Coyuntura Económica y Social.
2)Ver nota No. 11 para más claridad con respecto a la clasificación de sectores vulnerables al confinamiento.
3)Las Tablas 1 y 2, al final de la nota, presentan detalles de los determinantes de exposición económica y de salud por sectores.
4) Los encadenamientos entre sectores productivos de compras intermedias y de ventas son estimados a partir de la matriz insumo producto del DANE.

Marcela Eslava, Profesora Titular y Decana de Economía en la Universidad de Los Andes (Colombia), e investigadora afiliada al programa de Pymes de Innovations for Poverty Action.